I know what it feels like to imagine going further. To hold that incredible, dangerous thought in my mind, if only for an instant. To think: what if I don’t go home? What if I just keep on travelling?
Este libro ha sido la primera lectura compartida organizada en torno a los hashtags de twitter #cifituits y #BRE. Cabe decir que su fortuna ha sido… escasa.
Dado el vapuleo crítico que los verdHugos de #cifituits le han propinado al libro me parece que necesita un abogado defensor, pero creo que no puedo erigirme como tal. Aúnque su lectura no se me ha hecho pesada y en ningún momento ha sido otra cosa que placentera, su disfrute ha sido más bien tibio y de temperatura descendente conforme me acercaba a su desenlace.
El libro no está libre de problemas y aunque ninguna de las novelas de Reynolds que he leído lo está, este pone remedio a algunos de los principales defectos de sus planteamientos, aunque en el camino estropea otros aspectos que funcionaban bien y, retrospectivamente, tenían un mayor peso en la personalidad de su obra. Más concretamente, Pushing Ice (PI) me parece superior a Blue Remembered Earth (BRE) en todos los sentidos, pero BRE está por encima de Revelation Space (RS) en algunos aspectos y por debajo en otros. No la supera en cuanto a épica o pura potencia de la historia, por no mencionar el sentido de verosimilitud de la ciencia descrita. El tono (tal vez no el contenido en si mismo) de BRE se encuentra más cercano a la Science Fantasy que a la Hard Science Fiction y este es el principal problema de la novela, el que impide que llegue a alzar el vuelo y deje una huella indeleble en la imaginación. La estructura de juego de pistas del argumento se antoja más bien absurda y muchas veces me ha hecho pensar en un videojuego con fases separadas por el hallazgo de pistas de difícil justificación, que conducen a una conclusión previsible y más bien anticlimática. El pretexto que motiva el desarrollo de todo el argumento (la excusa del juego de pistas) no se sostiene, por lo que resulta difícil tomar en serio el entramado argumental que se apoya en él. En este sentido la reacción negativa por parte de los participantes (y la mía) en la lectura compartida está justificada y cuesta comprender el entusiasmo cuasi-unánime con el que ha sido recibida la novela allende las fronteras de nuestra blogosfera.
Por otro lado, la novela tiene otras cualidades positivas que compensan, por los pelos, sus defectos y me llevan a pensar que Reynolds todavía no ha escrito su obra maestra. Lo conseguirá cuando logre congeniar su vertiente como arquitecto de argumentos épicos sobre el universo y el futuro de la civilización humana (o transhumana) con su habilidad como narrador de historias. En más de un sentido, BRE me recuerda al Zendegi de Greg Egan, aunque este último es muy superior. Ambos son libros que se alejan de la norma establecida por sus propios autores en términos de dureza de sus especulaciones científicas y priman una lectura más asequible y más interesada en la sociología que en la ciencia propiamente dicha. Esto es más cierto (y tiene más matices) en el caso de Egan que en el de Reynolds, que a medida que va desarrollando su historia se centra más y más en explicar una aventura que en construir un todo homogéneo centrado en una metáfora que la justifique (y en ese sentido el Mecanismo en el que se apoya la sociedad de la novela para evitar el crimen y los conflictos violentos me parece una estupenda y desaprovechada idea). En lo que Reynolds más ha mejorado es en su capacidad de dotar de humanidad y vivacidad a sus personajes, que han conseguido interesarme en sus vidas y motivaciones y me han divertido con sus diálogos irónicos rebosantes de personalidad. También ha aprendido a prescindir de esas larguísimas (aunque interesantes) descargas de información (infodumps) que tanto interrumpían el ritmo de la trama.
Hay detalles concretos que me han gustado mucho, sobretodo a nivel de métáforas. Si la novela tiene una metáfora es la del abandono de la seguridad del nido, la de levar anclas y zarpar sin reproches hacia lo desconocido. Como hace tantos millones de año, el punto de partida del viaje es África. Todos los personajes más o menos relevantes tienen un status quo que proteger (Geoffrey sus elefantes, Sunday su libertad enjaulada alejada de los ojos del Mecanismo, los primos Akinya su corporación) y todos se ven obligados a mirar más allá de sus microcosmos y a pensar en términos de especie y de futuro. También me gusta el sentido de la maravilla que sabe transmitir Reynolds a sus sociedades inventadas, que en este caso se refleja en el desconcierto que sienten sus personajes cuando se enfrentan a realidades tecnológicas que resultan tan sorprendentes para ellos como para nosotros, meros lectores cuasi-medievales (El Evolvarium, el Agregado, la alucinante sociedad submarina de Tiamaat). A nivel de escenas individuales el libro funciona perfectamente, a pesar de que la conexión entre ellas no sea todo lo sólida que sería de desear.
En conjunto, pues, me parece una novela muy bien escrita, incluso hermosa a nivel de frases y párrafos, aunque el interés de la obra como conjunto es desigual. Esta es la primera etapa de un viaje, el primer libro de una serie que seguirá la vida de los Akinya a lo largo de los siglos. Este libro puede no haber sido todo lo que esperaba de él y le pongo entre 3 y 4 estrellas de Goodreads.No obstante, me enrolo como grumete para este viaje hacia lo desconocido.
¡Hacia el infinito y más allá!
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