Now Playing Tracks

Slaughterhouse 5, de Kurt Vonnegut

Slaughterhouse Five

“People aren’t supposed to look back. I’m certainly not going to do it anymore.”

He aquí un libro que me va a costar reseñar. Slaughterhouse 5 es una novela dentro de otra novela. No es una novela al uso, que siga un esquema lineal de planteamiento, nudo y desenlace. De hecho la falta de linealidad es uno de los temas de la novela, que recurre a recursos cercanos a la ciencia ficción para explorar cuestiones como la libre voluntad, la guerra o la estupidez humana.

Después de sobrevir a un accidente de avión, Billy Pilgrim, el protagonista de Slaughterhouse 5, descubre que su conciencia se ha separado de la corriente temporal y empieza a saltar, sin orden aparente, entre algunos de los acontecimientos más significativos de su vida (extraídos en muchas ocasiones, leo, de la biografía del mismo Vonnegut). Estas experiencias van desde lo cotidiano,como la (tibia) luna de miel de Billy, hasta lo extremo, como el bombardeo de Dresden durante su estancia en un campo de concentración de la segunda Guerra Mundial o los años vividos en otro planeta tras ser abducido por una especie extraterrestre.

A lo largo de todo el libro, Vonnegut adopta un tono distanciado e irónico que mantiene independientemente de la intensidad de las vivencias que describe. La actitud de Billy ante sus experiencias es de resignación, a medio camino entre lo patético y lo absurdo, y desprovista de todo sentido de la trascendencia, como si se resistiera a ser protagonista de su propia vida. La estupidez humana, especialmente evidente en todas las escenas relacionadas con la guerra y el bombardeo de Dresden, es una de las principales protagonistas del libro, aunque el enfoque que utiliza para describirla resulta extrañamente compasivo. O no tan extrañamente, pues en el fondo la visión profundamente determinista de la vida que defiende Vonnegut en esta novela disculpa totalmente a la especie humana de cualquier salvajada que pueda cometer o haya cometido. Me deja con mal sabor de boca, pero no es en absoluto un defecto del libro. So it goes.

El estilo de Vonnegut es limpio y casi telegráfico, con pocos adjetivos y el recurso a la repetición frecuente de expresiones concretas que funcionan como claves para enfatizar determinadas ideas o acontecimientos (determinados colores para señalar lo trascendente o algunas coincidencias contraintuitivas, “so it goes” [“asi es la vida”, quizás] para indicar que algo muere o termina, etc). Estas repeticiones terminan por darle un ritmo propio y un carácter marcadamente onírico, casi lírico, a la narración. Buscar y anticipar la aparición de determinada expresión llega a convertirse en un juego que te implica aún más en el libro.

Este es el primer libro que leo de Kurt Vonnegut, y a pesar de que tiene algunas aristas comprendo su condición de escritor de culto. No será la última novela suya que lea [de hecho, en el momento de leer esto ya he leído otro:Cat’s Cradle]. La novela está repleta de frases perfectas y los lectores dados a subrayar acabarán con un libro lleno de citas destacadas. Es evidente la atención prestada al lenguaje. Debo decir que una parte de esta excelencia se diluye al considerar la novela en conjunto. Para mi, la novela pierde fuerza en los momentos en los que se vuelve más surrealista y rozaría la perfección si no fuera por el bache “extraterrestre” de la historia. Aún y asi, es una novela que hace pensar, emociona, hace reir (para no llorar) y se lee en un suspiro. Me ha costado asignarle una puntuación a este libro, pero prefiero escatimarle la quinta estrella porque sospecho Vonnegut puede dar más de si [avance:efectivamente. Cat’s Cradle lo demuestra]. Cuatro estrellas, pues. ¿Que más puedo decir? Leedla.

The War of the Worlds, de H.G. Wells

War of the Worlds

“Yet across the gulf of space, minds that are to our minds as ours are to those of the beasts that perish, intellects vast and cool and unsympathetic, regarded this earth with envious eyes, and slowly and surely drew their plans against us.”


El argumento de The War of the Worlds es sencillo y conocido por todos: un mal día los marcianos intentan invadir la tierra. Fue publicado inicialmente por entregas en 1897 y después de haberlo leído no puedo menos que imaginar el impacto que debía tener en el momento de su publicación. Lo mismo debió pensar Orson Welles 40 años después cuando hizo su famosa adaptación radiofónica de la novela y sembró el pánico entre los neoyorquinos, en el que posiblemente sea el mayor hoax de la historia.

The War of the Worlds es un libro que todavía engancha. En muchos aspectos (en los que más importan) no ha acusado el paso del tiempo, aunque en otros se notan más sus más de 100 años de edad. Donde el libro ha envejecido peor, en lo que al parecer es uno de los rasgos distintivos de la literatura de Wells, es en la descripción de la psicología individual de los personajes y en el uso poco realista de los diálogos, al menos para un lector actual. En cambio, la progresión del argumento, la descripción de la destrucción de la sociedad inglesa y el reflejo de la histeria colectiva y de sus consecuencias son impecables, al nivel de las mejores historias post-apocalípticas. ¿Será, tal vez, The War of the Worlds el primer libro de catástrofes después del Antiguo Testamento?

Me ha parecido una novela sorprendentemente moderna. Con la excepción de los diálogos, poco numerosos, y algunos momentos de exposición o disgresión moral, nada en el estilo del libro lleva a pensar que fue escrito hace más de cien años. Incluso los datos revelados como imposibles por la ciencia (la existencia de los marcianos, su verniano modo de transporte a través del espacio sideral, etc.) están explicados de tal manera que no resulta difícil rendirse a su encanto y disfrutarlos sin oir los chirrídos horripilantes de la inverosimilitud. El libro prescinde de cualquier tipo de suspense, pues ya desde las primeras páginas deja claro el fracaso de la invasión marciana, aunque eso no impide disfrutar, si disfrutar es la palabra, de la tensión del argumento. El desenlace es tan repentino que corta el aliento y todavía no estoy seguro de que pensar de él, aúnque si pienso en la superioridad tecnológica de los marcianos me cuesta imaginar una alternativa que no acabara con el sometimiento de la especie humana. En cualquier caso es un final satisfactorio y las últimas descripciones de Londres desolado son uno de los puntos álgidos del libro, por lo que no es un mal lugar para el comienzo del final de la historia.

Me quito el sombrero ante HG Wells. Es un libro perfectamente recomendable para cualquier aficionado a la ciencia ficción. Le caen cuatro de las cinco estrellas de Goodreads.

El Mapa del Tiempo, de Félix J. Palma

El Mapa del Tiempo (Trilogia Victoriana #1)

Tengo la impresión de que El Mapa del Tiempo se ha convertido, después de 4 años desde su publicación y gracias, en parte, a la potente campaña promocional que ha acompañado a la publicación de su secuela (El Mapa del Cielo, Ed. Plaza & Janés), en la sensación de la literatura de género fantástico en nuestro país. Ha ganado un premio importante, ha recogido las mieles del éxito editorial y está teniendo una buena acogida entre el público y la crítica internacional. A poco que echéis un vistazo en vuestro buscador favorito encontraréis un sinfín de críticas y reseñas del libro casi unánimemente laudatorias. De las muchas críticas positivas, os recomiendo especialmente esta, bien planteada y bellamente escrita. Si, como yo, sois de ese tipo de persona que reacciona con suspicacia cuando nadie dice nada negativo de un libro, película, etc., estáis de enhorabuena: aqui estoy yo para ensuciar el brillo de esta novela. Porque alguien tiene que hacerlo.

Poco diré de la trama del libro y nada en absoluto que no hayan dicho antes, y mejor, otros antes que yo. Dividida en tres partes, El Mapa del Tiempo explica tres historias diferentes conectadas entre si por algunos personajes y parte del contexto, ambientadas en el Londres victoriano de H.G. Wells, uno de los protagonistas de la novela. Cada una de las tres historias explora la noción de viaje en el tiempo con éxito desigual y con un enfoque cercano al folletín en el que el lector es interpelado frecuentemente a través del cuarto muro que separa la realidad de toda obra ficción. El narrador, al que estamos casi obligados a identificar como el mismo Félix J. Palma, adopta un tono recargado con una dosis importante de socarronería, y aunque no se le puede negar su personalidad y su elegancia ocasional, lo cierto es que el estilo se le escapa de las manos durante la mayor parte del libro, con la estupenda excepción de la segunda parte, realmente notable. Creo que esta es mi principal discrepancia con las reseñas que he leído o con lo que se me ha dicho: La prosa del libro me parece mediocre, no elegante. Una medida tan simple como pegarle un tiro en la cabeza a uno de cada dos adjetivos mejoraría el estilo. Perdón por el sarcasmo, se me ha escapado. Je.

En cuanto a las tres partes del libro, diría que su relativa independencia justifica considerarlas aparte. Sin alargarme mucho, os diré que la primera parte me parece regular, la segunda casi extraordinaria y divertidísima, y la tercera terrible, sin más. De hecho, las connotaciones de la historia dan un giro de 180 grados al llegar a la tercera parte y, francamente, me parecía mucho más interesante el tipo de cuento que me estaba explicando hasta ese momento, una vez comprendidas y aceptadas las reglas del juego que propone el autor. En cualquier caso, eso es una apreciación muy sujeta a gustos personales y, por decirlo de algún modo, no se lo tengo en cuenta. Lo que no puedo aceptar es la forma apresurada en la que está explicada esa tercera parte, en la que todo el brío narrativo acumulado se desparrama. La opción elegida para explicar el quid de la cuestión me parece un despropósito, sobretodo por su extensión. Mi queja más importante en la tercera parte, a nivel de estilo, es esa: la escasez de recursos. La sensación que me da, en este caso concreto, es de apresuramiento.

Una de las particularidades de la novela es que utiliza muchas figuras históricas, entre las que destaca el escritor HG Wells, situado en el centro del alma de la novela. También hacen su aparición otros escritores como Henry James o Bram Stoker, Joseph Merrick (el famoso hombre elefante) o el siempre simpático Jack el Destripador. No todos tienen la misma importancia pero es un detalle que he disfrutado, incluso si a veces no venía demasiado a cuento. Es cierto, como otros han dicho, que en ocasiones la novela se desvía excesivamente de la historia principal para explicar detalles de la vida de Wells o describir su famosa novela de viajes en el tiempo, pero como eso es algo que me interesa no puedo tenérselo en cuenta. En conjunto, para mi este es uno de los puntos positivos de la novela.

Aunque mi reacción ante la unanimidad de la buena acogida del libro se acerca a la incomprensión, lo cierto es que a casi todo el mundo le gusta. Tened eso en cuenta frente a mi reseña: probablemente esté equivocado. A pesar de todo, se trata de una novela con mucha personalidad, muy bien ambientada y con un sentido del humor peculiar que funciona mejor si no te lo tomas muy en serio. Sospecho que mejora si se lee rápido y sin lupa, pero algo tendrá cuando me ilusiona de verdad leer El Mapa de Cielo, su secuela. A pesar del tono sarcástico que pueda tener mi reseña en algún momento, os aseguro que es una novela que me inspira respeto y más aún su autor. Simplemente, en lugar de considerar que ha nacido una estrella, como parecen sugerir muchas reseñas, creo que Palma es una voz interesante rebosante de ideas a la que seguir con atención, a la espera de que de a luz la obra maestra que algunas partes de esta novela me sugieren que lleva en su interior.

En goodreads le he puesto tres de cinco estrellas.

PD. Y no dejaré de leer los libros de relatos de Palma, pues me dicen que es donde da lo mejor de si mismo.

Among Others, de Jo Walton

Among Others

“Tolkien understood about the things that happen after the end. Because this is after the end, this is all the Scouring of the Shire, this is figuring out how to live in the time that wasn’t supposed to happen after the glorious last stand. I saved the world, or I think I did, and look, the world is still here, with sunsets and interlibrary loans. And it doesn’t care about me any more than the Shire cared about Frodo.”

Among Others es una novela a la que no le hubiera prestado demasiada atención de no haber sido por los positivo de las críticas que ha ido acumulando a lo largo de estos últimos meses. Dichas críticas han conseguido que el libro se convirtiera en una presencia más o menos persistente en la porción de mi subconsciente dedicada a mantener en mi lista de libros y autores a los que prestar atención en algún momento. Es una especie de limbo que se convierte en condena eterna para la mayoría de libros que en el conviven, pero en algún caso, alguna circunstancia concreta hace que uno de ellos sea propulsado a la realidad de mi libro electrónico o de mi reproductor de mp3 . En este caso la circunstancia concreta ha sido la aparición de la lista en la lista de lecturas recomendadas de la revista Locus y la recomendación expresa, en la misma revista, de un autor tan ecléctico como Jeff Vandermeer. Adelanto que Among Others es un libro con una combinación de características que no asegura su disfrute, pero para mi ha estado a la altura de la expectativas. A pesar de ser una recomendación de riesgo creo que es una propuesta diferente y cualquier aficionado al género fantástico (en sentido muy amplio) debería darle una oportunidad.

No soy amigo de leer (o escribir) sinopsis, pero sí me gusta leer muy en diagonal las reseñas de un libro para hacerme una vaga idea de lo que este puede ofrecer. Esta primera inspección superficial me sugería, y os confirmo que asi es, que Among Others sería una novela más o menos enmarcada en el género juvenil (en mi opinión más menos que más) que propondría un homenaje a la literatura de ciencia-ficción a través de una historia de hadas contemporánea (la novela transcurre a lo largo de un año, entre 1979 y 1980) y con un carácter más bien literario. Es más que un homenaje, pero creo que es esta característica concreta la que puede complicar su disfrute entre el conjunto del público, lo cual es una lástima.

La novela está construida a partir del diario personal de Morwenna Phelps, una adolescente de 14 años que ha perdido a su gemela en un horrible accidente que nunca se describe más que a través de alusiones más o menos superficiales y con algunas características, como mínimo, sorprendentes. Morwenna nos explica, ya desde las primeras páginas de su diario, que tanto ella como su hermana cuando vivía mantienen una comunicación regular con las hadas y que su madre es una bruja malvada que pretende dominar el mundo. Fue precisamente el intento de impedir el éxito de uno de los planes de su madre, siguiendo las instrucciones de las hadas, el que provocó la muerte de Morgana y provocó la huida de Morwenna de su casa, que buscó refugio en el hogar de su padre, a quién nunca antes había conocido. ¿Os parece que revelo demasiados detalles del argumento? En absoluto. Esto no es más que el punto de partida de esta intrigante novela, centrada más en las consecuencias de la tragedia que en la tragedia propiamente dicha. En ese sentido la novela puede leerse como un gran epílogo a la gran y desdichada aventura que corrieron las hermanas Phelps en su infancia, además de como una exploración del papel que puede desempeñar la ficción en nuestras vidas. Esta exploración se lleva a cabo a través de uno de los elementos más idiosincrásicos de la novela, la afición compulsiva de Morwenna (Mori) por los libros de fantasía y ciencia-ficción. Mori es una lectora voraz que lee libros a velocidad supersónica, cuya vida cambia cuando descubre el servicio de préstamo interbibliotecario de las bibliotecas inglesas. Esa voracidad se refleja en su diario, que contiene múltiples (e interesantes) referencias a los libros que está leyendo en cada momento (véase en la siguiente entrada una lista con algunos de los libros que menciona, los que más me llaman la atención y espero leer próximamente). Durante la mayor parte de la historia Mori vive y estudia en un internado para chicas en la campiña (campiña. Que bonito) inglesa, y tanto su caracter arisco como su tendencia a esconder la cabeza dentro de sus libros conspiran para convertirla en una especie de paria con una precaria red social, aunque será precisamente su afición por los libros la que le ayudará a encontrar su lugar en el mundo.

Su construcción a partir de las entradas del diario de Mori hace que la historia esté muy apegada a su vida cotidiana y que la trama de fondo quede un poco disimulada. Aunque no se trata de un libro de aventuras de ritmo trepidante, está tan lleno de contenido y la personalidad de Mori está tan bien reflejada que la atención no decae en ningún momento. Jo Walton ha sabido guiar la historia por un terreno en el que la verdad es algo ambivalente, en el que la absoluta convicción de Mori en su visión mágica del mundo contrasta con el impulso casi irresistible de considerarla un narrador poco fiable. Aúnque la credibilidad del libro zozobra en algún momento la historia nunca llega a naufragar y la explicación de la naturaleza de la magia y del mundo que propone Mori es atractiva y fácil de aceptar. Mori es un personaje con una combinación de fortaleza y fragilidad que facilitan empatizar con ella. Para mi, la imagen principal del libro es precisamene la única que casi no sale, la de Mori escribiendo en su diario al caer la noche, intentando entender el mundo en el que ha acabado viviendo y conciliarlo con el mundo sobrenatural en el que cree, a partes iguales maravilloso, indiferente y amenazador.

Más allá de su adscripción a un género concreto, Jo Walton ha escrito una muy buena novela que rebosa personalidad y de la que es difícil arrancar la atención entre episodios de lectura. Como “contenido extra”, el libro provoca un impulso casi irresistible de revisar o conocer una serie de títulos de ciencia ficción y fantasía de la década de los 70, a los cuales es un homenaje explícito. Después de leerlo es difícil no sentirse amigo de Mori, que se encontraría como pez en el agua en un círculo como el de #cifituits, o no tener el deseo de asistir al club de lectura de su biblioteca. Otros detalles que contribuyen a aumentar el atractivo de la novela es su asociación de la cultura y la lengua galesas con el mundo de las hadas y los elfos, o lo hermoso de la prosa de la autora. No es una novela perfecta y tiene algunos detalles problemáticos, casi siniestros y medio escondidos, por los que se pasa casi de puntillas y que parecen pequeñas imperfecciones dejadas a propósito por la escritora. Son detalles menores pero de difícil interpretación, a los que no se como referirme sin desvelar más de lo que me gustaría de la trama. En conjunto me parece un libro de cinco estrellas, aunque me parece que su probabilidad éxito en diferentes lectores puede ser muy dispar. Nada me gustaría más, más que en otras ocasiones, que poder discutir el libro con cualquier lector del blog dispuesto a recoger el testigo de su lectura.

Raising Stony Mayhall, de Daryl Gregory

Raising Stony Mayhall

Una de las características que más a menudo he leído sobre este libro es que representa un soplo de aire fresco en el panorama de los libros de zombis. Dado mi total desconocimiento del subgénero en su ámbito novelístico ese es un aspecto del que prescindiré y no diré más que, efectivamente, no se parece en nada a ninguna película de zombis que haya visto. Pasemos a otro punto.

Raising Stony Mayhall es una de las novelas de ciencia ficción (¿fantasía? Especulativa en cualquier caso) más redondas que he leído en mucho tiempo. Estoy convencido de que cualquier persona mínimamente aficionada a la literatura fantástica puede obtener un gran placer de este libro, que para mi solo tiene virtudes en todos sus frentes. Con Stony Mayhall, el no-muerto, Daryl Gregory ha creado un personaje dotado de una gran humanidad que consigue la hazaña de ser entrañable sin siquiera aproximarse al terreno de la cursilería. La trama se extiende durante varias décadas a lo largo de las cuales se explican la vida de Stony y del mundo en el que vive. Es difícil describir el libro sin revelar aspectos de la trama, pero prefiero dejar la reseña coja en aras del placer que supone sumergirse en ella. Stony es un personaje en evolución constante que nos lleva de viaje a través de una trama maravillosamente construida que nunca decae y se reinventa a si misma una y otra vez, explorando temas como el sentido de identidad, el límite de lo humano, la compasión o la necesidad de creer en algo mayor que nosotros mismos (ya sea la pertenencia a una comunidad o sentimientos religiosos). La prosa de Daryl Gregory es un excelente ejemplo del difícil arte de convertirse en narrador invisible, por más que en determinadas ocasiones el narrador de un paso al frente para aumentar el carácter histórico, quizá mítico, de la historia de Stony.

El narrador del audiolibro a través del cual he accedido al libro es David Marantz, y aunque durante el primer par de horas de escucha me parecía un narrador soso, lo cierto es que a medida que he ido acumulando horas de escucha su capacidad para convertirse en Stony y el resto de personajes me ha seducido. Su lectura es mucho más sutil y llena de matices de lo que parece en un primer momento y aporta una calidez que le va como anillo al dedo al tono general del libro. No puedo menos que disculparme ante el señor Marantz por mis reticencias iniciales y felicitarle por su interpretación. Un diez.

Es un libro de cinco estrellas donde los haya, para no perdérselo.

Ready Player One, de Ernest Cline

Ready Player One

“I’d designed my avatar’s face and body to look, more or less, like my own. My avatar had a slightly smaller nose than me, and he was taller. And thinner. And more muscular. And he didn’t have any teenage acne. But aside from these minor details, we looked more or less identical.”

El ensalzamiento de Ready Player One como gran esperanza de la geek-lit apestaba a hype lo cogieras por donde lo cogieras y confieso que emprendí su (audio)lectura con cierta dosis de escepticismo. Luego, claro, uno es lo que es. Uno es más o menos (en este caso menos) geek, siente más o menos nostalgia por la cultura pop de los ochenta y, en lo que se refiere a los videojuegos, uno tal vez no tiene un presente pero su pasado está fuera de toda duda. Y uno no es de piedra y va recibiendo recomendaciones de gente en cuyo criterio confías y que te dicen que sí, oye, que el libro está muy bien. Que mola mazo. Que cowabunga. Asi que tomé aire, me calé mis gafas de realidad virtual y mis mejores galas hápticas y me sumergí en el divertido mundo multicolor de Ready Player One. Y guau.

“You’re evil, you know that?” I said.

She grinned and shook her head. “Chaotic Neutral, sugar.”

La gran baza con la que juega Ernest Cline en este libro es que conoce perfectamente los puntos débiles de su público diana, esa generación que fue adolescente (adolescente geek, especialmente) en los años 80 y nunca expulsó por completo de su sistema las capas de subcultura que dejaron como poso todos esos píxels y películas con banda sonora de sintetizador que consumía en sus horas de acnéico ocio. En ese sentido, RPO es una rara avis, que propone una novela de ciencia-ficción claramente juvenil dirigida a lectores cuya juventud se sitúa más en el reino de la nostalgia que de la actualidad.

“Being human totally sucks most of the time. Videogames are the only thing that make life bearable.”

La historia propone una sociedad distópica pintada con brocha gorda y ambientada en un futuro cercano en el que la crisis de los combustibles fósiles ha empantando la economía mundial. La única válvula de escape que tiene esa sociedad es OASIS, un sistema de realidad virtual que abarca todas las dimensiones de la vida y de libre acceso según la voluntad de su creador, James Halliday, figura Steve-Jobsiana cuya muerte al principio de la novela da pie al descubrimiento de un legado que puede poner en peligro la naturaleza de OASIS como… bueno… como Oasis… A partir de este punto la novela casi se convierte en un videojuego y nos permite acompañar a Wade Watts en su obsesión por resolver el enigma propuesto por Hallyday, para el cual deberá demostrar su dominio de la cultura pop de los 80 y su habilidad como maestro de los videojuegos. Se trata, en más de un sentido, de un argumento que resulta más que familiar por no decir manido. Es la gesta del héroe en ciernes que deberá superar mil y una dificultades para demostrar ser merecedor del premio final antes que el demonio que amenaza con devorar el mundo (en este caso una megacorporación que pretende acabar con la gratuidad del acceso al paraíso en la tierra que representa OASIS). Y sin embargo funciona.

Uno de los ingredientes principales del éxito de RPO es su apelación a la nostalgia de una generación de geeks (frikis; nerds; pringaos. Elegid la etiqueta que más os guste). La novela rebosa de referencias a videojuegos, películas, novelas y grupos de música de la década de los 80 recordadas a través de un filtro que magnifica su dimensión mítica convirtiéndolas en el reflejo de una época en la que (desde el presente de la novela) todo era mejor. Mi predicción es que eso condenará al libro a un envejecimiento rápido, pero en cualquier caso a día de hoy, para lectores de mi generación y recuerdos como los míos (¡Spectrums! ¡Golden Axe! ¡Goonies!), la novela funciona. Más allá de la nostalgia el libro ofrece diversión, estilo y estética a raudales, además de un argumento ante cuyas emociones es difícil no rendirse a pesar de resultar algo vacuo a poco que busques algo un poco trascendente bajo su superficie de neón. De hecho, para mí los momentos más potentes de la novela (los que me llevan a pensar que Ernest Cline no será un escritor de una única novela) son precisamente los que transcurren al margen de ese neón, cuando la Vida Real se impone a la simulación y obliga a los protagonistas a tomar las riendas (so to speak) de su vida. El arco argumental de Wade en el momento en que el juego es lo único que le queda y se ve obligado a forzar la mano de sus rivales en el Mundo Real para obtener alguna ventaja sobre ellos es una pequeña joya de ciencia ficción distópica dentro del huevo Kinder de entretemiento que es la novela.

La edición particular a través de la cual he “consumido” el libro es el audiolibro leído, magistralmente, por Wil Wheaton. Es uno de aquellos casos en los que la calidad de la narración mejora la novela. Muy recomendable.

Tengo la sensación de que mi reseña, escrita un poco desde la distancia y con ánimo de ser objetivo, no refleja mi entusiasmo con la novela. Pero os lo aseguro: entusiasmo es la emoción que mejor caracteriza mi experiencia lectora del libro. Es muy, muy, muy, muy divertido. Os lo recomiendo sin ningún tipo de reticencia, pero tened claro lo que es: diversión en estado puro. No más, pero tampoco menos. Con eso en mente, le pongo 5 de las 5 estrellas que permite Goodreads.

I know what it feels like to imagine going further. To hold that incredible, dangerous thought in my mind, if only for an instant. To think: what if I don’t go home? What if I just keep on travelling?

Este libro ha sido la primera lectura compartida organizada en torno a los hashtags de twitter #cifituits y #BRE. Cabe decir que su fortuna ha sido… escasa.

Dado el vapuleo crítico que los verdHugos de #cifituits le han propinado al libro me parece que necesita un abogado defensor, pero creo que no puedo erigirme como tal. Aúnque su lectura no se me ha hecho pesada y en ningún momento ha sido otra cosa que placentera, su disfrute ha sido más bien tibio y de temperatura descendente conforme me acercaba a su desenlace.

El libro no está libre de problemas y aunque ninguna de las novelas de Reynolds que he leído lo está, este pone remedio a algunos de los principales defectos de sus planteamientos, aunque en el camino estropea otros aspectos que funcionaban bien y, retrospectivamente, tenían un mayor peso en la personalidad de su obra. Más concretamente, Pushing Ice (PI) me parece superior a Blue Remembered Earth (BRE) en todos los sentidos, pero BRE está por encima de Revelation Space (RS) en algunos aspectos y por debajo en otros. No la supera en cuanto a épica o pura potencia de la historia, por no mencionar el sentido de verosimilitud de la ciencia descrita. El tono (tal vez no el contenido en si mismo) de BRE se encuentra más cercano a la Science Fantasy que a la Hard Science Fiction y este es el principal problema de la novela, el que impide que llegue a alzar el vuelo y deje una huella indeleble en la imaginación. La estructura de juego de pistas del argumento se antoja más bien absurda y muchas veces me ha hecho pensar en un videojuego con fases separadas por el hallazgo de pistas de difícil justificación, que conducen a una conclusión previsible y más bien anticlimática. El pretexto que motiva el desarrollo de todo el argumento (la excusa del juego de pistas) no se sostiene, por lo que resulta difícil tomar en serio el entramado argumental que se apoya en él. En este sentido la reacción negativa por parte de los participantes (y la mía) en la lectura compartida está justificada y cuesta comprender el entusiasmo cuasi-unánime con el que ha sido recibida la novela allende las fronteras de nuestra blogosfera.

Por otro lado, la novela tiene otras cualidades positivas que compensan, por los pelos, sus defectos y me llevan a pensar que Reynolds todavía no ha escrito su obra maestra. Lo conseguirá cuando logre congeniar su vertiente como arquitecto de argumentos épicos sobre el universo y el futuro de la civilización humana (o transhumana) con su habilidad como narrador de historias. En más de un sentido, BRE me recuerda al Zendegi de Greg Egan, aunque este último es muy superior. Ambos son libros que se alejan de la norma establecida por sus propios autores en términos de dureza de sus especulaciones científicas y priman una lectura más asequible y más interesada en la sociología que en la ciencia propiamente dicha. Esto es más cierto (y tiene más matices) en el caso de Egan que en el de Reynolds, que a medida que va desarrollando su historia se centra más y más en explicar una aventura que en construir un todo homogéneo centrado en una metáfora que la justifique (y en ese sentido el Mecanismo en el que se apoya la sociedad de la novela para evitar el crimen y los conflictos violentos me parece una estupenda y desaprovechada idea). En lo que Reynolds más ha mejorado es en su capacidad de dotar de humanidad y vivacidad a sus personajes, que han conseguido interesarme en sus vidas y motivaciones y me han divertido con sus diálogos irónicos rebosantes de personalidad. También ha aprendido a prescindir de esas larguísimas (aunque interesantes) descargas de información (infodumps) que tanto interrumpían el ritmo de la trama.

Hay detalles concretos que me han gustado mucho, sobretodo a nivel de métáforas. Si la novela tiene una metáfora es la del abandono de la seguridad del nido, la de levar anclas y zarpar sin reproches hacia lo desconocido. Como hace tantos millones de año, el punto de partida del viaje es África. Todos los personajes más o menos relevantes tienen un status quo que proteger (Geoffrey sus elefantes, Sunday su libertad enjaulada alejada de los ojos del Mecanismo, los primos Akinya su corporación) y todos se ven obligados a mirar más allá de sus microcosmos y a pensar en términos de especie y de futuro. También me gusta el sentido de la maravilla que sabe transmitir Reynolds a sus sociedades inventadas, que en este caso se refleja en el desconcierto que sienten sus personajes cuando se enfrentan a realidades tecnológicas que resultan tan sorprendentes para ellos como para nosotros, meros lectores cuasi-medievales (El Evolvarium, el Agregado, la alucinante sociedad submarina de Tiamaat). A nivel de escenas individuales el libro funciona perfectamente, a pesar de que la conexión entre ellas no sea todo lo sólida que sería de desear.

En conjunto, pues, me parece una novela muy bien escrita, incluso hermosa a nivel de frases y párrafos, aunque el interés de la obra como conjunto es desigual. Esta es la primera etapa de un viaje, el primer libro de una serie que seguirá la vida de los Akinya a lo largo de los siglos. Este libro puede no haber sido todo lo que esperaba de él y le pongo entre 3 y 4 estrellas de Goodreads.No obstante, me enrolo como grumete para este viaje hacia lo desconocido.

¡Hacia el infinito y más allá!

Otras reseñas en #cifituits:

Sense of Wonder

Este es un libro que he empezado con grandes expectativas gracias en parte a las recomendaciones de  @Odo y @jm_oriol, en parte a mi lectura previa del Pushing Ice del mismo autor, una muy buena novela de ciencia ficción (lo se, no he escrito la reseña … espero ponerle remedio en las próximas semanas). Escrito en 2000, Revelation Space es la primera novela de Alastair Reynolds, aunque el universo en el que transcurre la novela ya había aparecido en varias narraciones cortas (Wikipedia dixit). Ya adelanto que aunque me ha gustado mucho creo que Pushing Ice es una novela superior en casi todos los sentidos. El principal problema que para mi tiene la novela, por sacarme de encima la parte negativa de la crítica, es el desequilibrio entre las magníficas y sugerentes ideas que contiene (en las conversaciones asincrónicas que se mantienen en twitter he propuesto el calificativo de “ciencia ficción rebosante”) y su irregularidad literaria, que combina pasajes potentes con secciones estéticamente más cuestionables. Se nota que es una primera novela y la prosa del autor no está al nivel, para mi, de su ambición, aúnque reconozco esta ambición es una gran virtud indiscutible del libro.

Toda la novela reposa en una serie de casualidades difíciles de aceptar, especialmente teniendo en cuenta la vastedad de escala, espacial y temporal, en la que se enmarca la historia. También me han resultado problemáticas, por tramposas y efectistas, determinadas soluciones argumentales mentirosas basadas en la ocultación de información al lector, que un enfoque más convencional hubiera solucionado. Aunque algunos de los aspectos estructurales de la novela me gustan muchísimo, lo cierto es que tiene un ritmo trastabillante por culpa de los numerosos y extensos infodumps (largas secciones dedicadas a explicar los diversos contenidos teóricos o científicos relevantes para entender la trama) repartidos a lo largo del libro. Hubiera preferido que esta información hubiera estado mejor integrada en la historia. Los personajes están bien construidos y los más importantes son carismáticos e interesantes, aunque sus motivaciones pueden resultar un poco extrañas y exigen un esfuerzo de credulidad. En cambio, los personajes secundarios no pasan de ser simples esbozos o caricaturas que no aportan demasiado a la historia.

En el otro plato de la balanza, como ciencia ficción de ideas es una obra deslumbrante y los misterios que que plantea el argumento hacen muy difícil abandonar la lectura, compensando con creces otras carencias literarias. La ambientación es impecable y el universo planteado por Reynolds es muy sugerente. Ante los ojos de nuestra imaginación se dibuja un universo tan vasto que, incluso a velocidades cercanas a la de la luz, ir de un lugar a otro lleva años o décadas, por lo que los viajeros se ven obligados a recurrir a la criogenia para sobrevivir tan largos viajes y son víctimas del desplazamiento temporal relativo con los no-viajeros. La estructura de la novela refleja perfectamente esta asincronía, con capítulos ambientados en diferentes momentos del tiempo en un intento de capturar una concatenación de acontecimientos que, paradójicamente, es al mismo tiempo perfectamente lógica desde un punto de vista narrativo y disparatada desde un punto de vista cronológico. Un ejemplo: Hoy Juan está en su casa, en su pequeño planeta. 20 años atrás Martín subió a su nave interestelar para visitar a Juan en su planeta. Dentro de 40 años Margarita se acordará de que tiene que devolverle un libro a Juan, por lo que se subirá al ferry galáctico más cercano para, 5 años después, plantarse en Plaza Cataluña. Durante la semana que ha tardado Martín en llegar a Plaza Cataluña para tomar un tentempié de camino al planeta de Juan han transcurrido 65 años. En el McDonalds InterPlanetario Martí conoce a Margarita, que está haciendo GalactoStop para llegar a casa de Juan, y decide transportarla resto del viaje (20 años más). A todo esto han pasado 85 años y vete tú a saber que ha sido de Juan … ¿Se entiende? Reconozco que es un poco confuso, pero la novela lo explica mucho mejor que yo y consigue transmitir la peculiar sensación de que los acontecimientos suceden escalas de años, décadas y siglos de forma vertiginosa. Esta sensación de lentitud a toda pastilla se acrecenta por el efecto de las largas temporadas en animación suspendida durante los viajes, que obligan a los viajeros a depender de información necesariamente caduca. 

¿Os acordáis de la Tercera Ley de Clarke? ¿Aquello de que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia? Revelation Space describe un futuro en la que la tecnología ha alcanzado un punto en el que que casi nada es imposible para ella y el mismo concepto de progreso tecnológico parece haber perdido sentido. La referencia a la ley de Clarke me parece acertada porque muchas veces se trata de dispositivos tecnológicos construidos siglos atrás, con capacidad de autorreparación o autoadaptación, cuyo origen se pierde en el pasado y operados a través de inteligencias artificiales extremadamente versátiles. Son instrumentos hallados, semivivos, sin manual de instrucciones.  En realidad, con la posible excepción del viaje en el tiempo (si exceptuamos el viaje hacia el futuro a velocidades relativistas), la novela actúa de catálogo de muchas de las ideas sobre la tecnología que forman parte del imaginario de la ciencia ficción, contribuyendo a la sensación de sobrecarga de información que acompaña a su lectura.

Me ha parecido una novela muy interesante y es fácil ver el impacto que debía tener su publicación. Es ambiciosa a nivel especulativo (juego de ideas) e imaginativo (sensación de maravilla). Tiene un alcance épico de sorprendente amplitud de escala y un reparto de personajes suficientemente interesante (en menor medida cuando se trata de los personajes secundarios) como para soportar el peso, no precisamente pequeño, de un andamio argumental masivo. El autor tiene voluntad de estilo pero no la consigue controlar del todo, tropezando en determinados tics que me resultan algo molestos, como su dependencia repetida de casualidades inverosímiles (más inverosímiles frente a la escala espacio-temporal de la historia), algunas soluciones argumentales estilo Deus Ex Machina (más Machina que Deus en este caso … Je. Mal chiste, lo se…) o Titiritero Dictatorial, y un exceso de descargas de información que obstaculizan el ritmo de la historia, por lo demás trepidante. Es un libro que no dudo en recomendar encarecidamente a cualquier aficionado a la ciencia ficción que se precie, pero nunca, nunca, nunca a alguién de fuera del género. Cuatro estrellas u ocho puntos sobre diez.

The sky looks ever so deep when you lay down on your back in the moonshine; I never knowed it before. And how far a body can hear on the water such nights!

Tot i començar exactament a on acabava The Adventures of Tom Sawyer, en Mark Twain va trigar vuit anys en escriure Adventures of Huckleberry Finn, i ja sigui per canvi d’intenció o per canvi de la persona que l’escriui, el cert és que ens trobem davant de dos llibres totalment diferents. Comparat amb el to juvenil i irònic de Tom Sawyer i amb la seva nostalgia per les aventures imaginàries de la infància, la narració en primera persona de’n Huckleberry té un to molt més fosc i metafòric, utilitzant la fugida al llarg del Mississipi per a explorar un seguit de temes que m’han resultat una mica problemàtics degut a la distància històrica amb el moment en que va ser escrita la novel·la. En certa manera Huckleberry Finn és l’anti-Peter Pan de’n Tom Sawyer. En aquest cas, el fer-se gran es reflecteix sobretot en la necessitat de decidir per ell mateix en contra dels valors que predominen a la seva cultura. Durant els últims anys aquest llibre ha estat objecte de crítiques per algunes de les actituds racistes que reflexa, sovint sense una condemna clara. Certament, hi ha passatges que xoquen per la seva cruesa:

“Good gracious! anybody hurt?”

“No’m. Killed a nigger.”

“Well, it’s lucky; because sometimes people do get hurt.”

Però em sembla que és una lectura que demana un esforç de contextualització per part del lector i encara un altre per mirar més enllà de la superfíce. De fet, l’enorme ambivalència amb la que en Huck s’enfronta al dilema que li planteja ajudar en Jim durant bona part de la novel·la

és un dels elements que fan que sigui tan colpidora i memorable.

A diferència del primer llibre, explicat en tercera persona per una figura omniscient que identifiquem amb el propi Mark Twain, en Huckleberry Finn no delega en ningú la seva història i l’explica, de forma molt expressiva, en primera persona. Amb onze o dotze anys, Huck és un personatge que ho ha tingut tot en contra des del moment del seu naixement. Fill d’un pare borratxo i abusiu absent la major part del temps i d’una mare de qui només sabem que va morir i que es barallava amb el seu pare, en Huck sempre ha viscut al carrer, dormint sense sostre, rapinyant menjar allà on podia i sense rebre cap mena d’educació més enllà del que ell sol ha buscat. És un nano supersticiós (com tots els altres nanos a la vila, d’altra banda) i intel·ligent, que a les aventures de Tom Sawyer enormement popular entre els altres nens gràcies a la prohibició de les seves mares de relacionar-se amb ell:

Shortly Tom came upon the juvenile pariah of the village, Huckleberry Finn, son of the town drunkard. Huckleberry was cordially hated and dreaded by all the mothers of the town, because he was idle and lawless and vulgar and bad — and because all their children admired him so, and delighted in his forbidden society, and wished they dared to be like him.

Curiosament, la sensació de “novel·la antiga” és més marcada en aquest llibre que al de’n Tom Sawyer, potser perquè és una novel·la més ambiciosa. Potser, també, perquè alguns dels recursos de l’argument es recolzen molt a les convencions socials, o potser literàries, de l’època, i avui ens semblen ingènues o poc realistes (Alguns exemples: Davant del realisme del retrat de la majoria de personatges de la novel·la, en Jim, el protagonista de color, està més a prop de la caricatura. O el funcionament d’algunes de les estafes en les que en Huck i en Jim es veuen implicats tendeixen a ser una mica inversemblants). Això, afegit a que no és una novel·la especialment fàcil i a la dificultat que m’ha plantejat l’anglès de la novel·la, extraordinàriament col·loquial, ha fet que la seva lectura em demanés un esforç més gran de l’habitual, però els beneficis han estat enormes. Possiblement es tracti d’una de les novel·les més conmovedores que he llegit. Potser el que més em sobta és el canvi de to brusc durant el tram final de la novel·la, a partir de l’aparició d’un personatge inesperat (per mi). Al llarg dels darrers capítols la narració es transforma en una comèdia delirant sense aturador, un seguit de disbarats al mateix temps divertidíssims i capaços de posar dels nervis al lector més equànime, fins a arribar a un final explosiu molt satisfactori.

Certament, no li faig justícia. M’ha costat molt escriure aquesta ressenya i encara no n’estic del tot satisfet, però amb el que us heu de quedar és que es tracta d’un Clàssic amb majúscules, dels grossos, dels que val la pena llegir. Així que vinga, a què espereu?

Cinc de cinc estrelles, evidentment.


“Confusing, life. But it beats the hell out of the alternative.”

Proven Guilty és la vuitena novel·la que en Jim Butcher dedica al mag detectiu Harry Dresden. Això la converteix en la sèrie de llibres més llarga que he llegit i precisament la seva natura serial és un dels aspectes que més m’agrada de la col·lecció. A mesura que han passat els llibres l’autor ha sapigut donar-li a la sèrie una personalitat pròpia i una continuïtat que fa que cadascun dels llibres recordi la temporada d’una sèrie de televisió (en aquest cas, la comparació amb les sèries televisives és inevitable i en absolut odiosa). Tot això seria irrellevant si els llibres no valguessin la pena, però les vuit novel·les que he llegit fins ara mantenen un nivell molt consistent i, en alguns aspectes, no deixen de millorar. És literatura d’evasió pura a la que en ocasions se li noten massa els engranatges i que tira pel dret, però en Harry Dresden segueix essent un personatge amb el que es fàcil simpatitzar i està envoltat per un nombrós grapat de personatges secundaris habituals interesants als quals el pas del temps (i de les novel·les) ha anat canviant progressivament. L’estil de’n Jim Butcher segueix sent perfectament correcte i la lectura del personatge que fa en James Marsters als audiollibres és absolutament immillorable (al llibre tretze canvien de narrador… no se que faré aleshores. Per a mi en Harry Dresden és en James Marsters).
A aquestes alçades la sèrie no enganya a ningú. Si has arribat fins aqui disfrutant dels llibres de Harry Dresden no hi ha cap motiu per parar, ans al contrari. Jo segueixo amb el viatge. És per a fans i li poso 4 de 5 estrelles.
Zoom Info

“Confusing, life. But it beats the hell out of the alternative.”

Proven Guilty és la vuitena novel·la que en Jim Butcher dedica al mag detectiu Harry Dresden. Això la converteix en la sèrie de llibres més llarga que he llegit i precisament la seva natura serial és un dels aspectes que més m’agrada de la col·lecció. A mesura que han passat els llibres l’autor ha sapigut donar-li a la sèrie una personalitat pròpia i una continuïtat que fa que cadascun dels llibres recordi la temporada d’una sèrie de televisió (en aquest cas, la comparació amb les sèries televisives és inevitable i en absolut odiosa). Tot això seria irrellevant si els llibres no valguessin la pena, però les vuit novel·les que he llegit fins ara mantenen un nivell molt consistent i, en alguns aspectes, no deixen de millorar. És literatura d’evasió pura a la que en ocasions se li noten massa els engranatges i que tira pel dret, però en Harry Dresden segueix essent un personatge amb el que es fàcil simpatitzar i està envoltat per un nombrós grapat de personatges secundaris habituals interesants als quals el pas del temps (i de les novel·les) ha anat canviant progressivament. L’estil de’n Jim Butcher segueix sent perfectament correcte i la lectura del personatge que fa en James Marsters als audiollibres és absolutament immillorable (al llibre tretze canvien de narrador… no se que faré aleshores. Per a mi en Harry Dresden és en James Marsters).

A aquestes alçades la sèrie no enganya a ningú. Si has arribat fins aqui disfrutant dels llibres de Harry Dresden no hi ha cap motiu per parar, ans al contrari. Jo segueixo amb el viatge. És per a fans i li poso 4 de 5 estrelles.

To Tumblr, Love Pixel Union